Imaginando
En medio de Granada, miro hacia arriba y pienso: ¿¡qué debía ser eso ahí arriba en su época!? Al pie del cerro de La Sabika, con 40-y-muchos grados a la sombra, con poca comida que llevarse a la boca, y cuidando cada gota de agua. Casas pequeñas, calurosas y pobres. La gente sería feliz a su manera, pero… oh! eso ahí arriba tenía que ser… imponente. Al mirarlo desde abajo, surgiría en la imaginación de todos los ciudadanos como un gran palacio lleno de riquezas, joyas, obras de arte, cerámicas… Todo lo que se pudiesen imaginar, que nunca podrían poseer, y ni tan siquiera presenciar.

¿Y al llegar la noche? Me la imagino con vigilancia a lo largo de todas sus murallas, y con antorchas cada pocos metros, mostrándole al pueblo que aunque estuviese oscuro, ella no desaparecía y su poder seguía estando presente.
En la actualidad, los focos que la iluminan no se si imponen más o menos que antaño, pero elevan su belleza a la máxima potencia. Llega a dejarte sin palabras acudir al mirador de San Nicolás y observarla. Todo lo que llegas a decir es algo así como: ¡Guuauuu!
Afortunadamente, hoy en día tenemos la suerte de poder comprobar si lo que nos imaginamos desde abajo es cierto o no. Ya no hay nada en su interior, esas joyas, esas riquezas y esas obras de las que hablaba al principio ya no están allí, pero es que la Alambra es una riqueza, una joya en sí misma y es una obra de arte completa. No necesita más, porque ya lo tiene todo.

Granada, me has dejado... impresionada!



Adrián Morillo dijo
Saludos desde El Puerto y pincha aquí si también te ha sucedido esto ya que a todos nos ha pasado mas o menos lo que cuento en este video. Por su cotidianeidad, por su carácter universal, es fácil que arranque de ti una sonrisa cómplice.
5 Agosto 2007 | 12:56 AM